sábado, 9 de agosto de 2008

Caído del cielo

No importa si tienes un postgrado, MBA o un PHD. Tampoco si te graduaste de la secundaria como estudiante meritorio o si el diploma dice Summa Cum Laude. Nada significa el hecho de que tu vida profesional sea una colección de reconocimientos por los logros alcanzados.

No importa si tienes habilidades, destrezas o experiencia vasta en alguna disciplina. Menos aún que tengas el coeficiente intelectual necesario para estudiar ciencias exactas, geopolítica, literatura o astronomía. De poco sirve que seas un adelantado en materia de tecnologías de la información. Si has leído o conoces a Faulkner, Nabokov, Pamuk, Borges o si te conoces la vida y obra de Shakespeare, es en vano.

Todas las respuestas que pensabas tener, se evaporan cuando un niño de cuatro años lanza su dardo cargado con esa avidez única que un ser que no ha cumplido ni siquiera un lustro puede tener. Se trata de una inmejorable mezcla de inocencia, picardía y, sobre todo, curiosidad, demasiada curiosidad por saber el qué y el por qué de todo lo que existe a su alrededor.
Aquí algunas de esas preguntas que en determinados momentos me han invalidado, sin poder ofrecer a las mismas las más mínima respuesta, por risa o por ausencia de argumento:

−¿Mami, ese es el carro de Juan Pablo Duarte? (Al ver una camioneta de la Dirección General de Aduanas con un gran escudo y una gran bandera pintada detrás).

−¿Tiene tu crobio, Mami? (Al decirle que no se llevara un juguete a la boca por que tenía microbios y se podía enfermar).

−¿Cuál brilla más, el sol o la luna? (Una noche de Luna llena en la que era imposible ignorar el brillo de ese satélite).

−¿Por qué tú le das dinero a ese niño? (Cada vez que le doy algo a cualquier pequeño en alguna esquina de la ciudad).

−¿Dónde están sus papás? (Siempre viene detrás de la pregunta anterior).

−¿Qué es la Libertad, Mami? (Pensé que tenía la respuesta y a pesar del sueño y el cansancio, me atreví a responder con mi versión de la libertad, a lo cual respondió: −Yo pensé que la libertad es una estatua que hay en Nueva York.

−¿Por qué se llama pez si está en el agua y pescado cuando nos lo comemos? (El día en que se intoxicó al comer minuta)
−¿Por qué se fue la luz? (Una noche en que después de 20 horas de apagón, nos quedamos sin inversor.)

−¿De quien es esa fiesta Purple?(En medio de una caravana del PLD).

−¿Qué pasa si Papa Dios se cae del cielo? (No recuerdo el contexto, pero es la única que aún espera por respuesta).


2 comentarios:

Marino dijo...

Creo que quien inventó la anestesia era el padre de cuatrillizos buscando algún respiro.

Alguien me dijo cuando nació mi hijo (y no me he cansado de repetirlo) que los niños no hablarán bien, pero saben tanto o mas que uno, sólo se hacen los pendejos...

Tienen una sádica capacidad de hacer - en el peor momento - precisamente esa pregunta o ese comentario que nos saca de equilibrio, que hace temblar nuestras mas arraigadas convicciones.

Dios, justicia, justicia social, sociedad... son temas que les hacen gozar al ver nuestros inútiles intentos de explicarles algo que ya tienen perfectamente dilucidados. Son como aquellos profesores que preguntan sólo por el placer de oír los disparates que le responderán...

Por ejemplo, ante un chiste medio racista de mi cuñada, mi hijo dijo, medio en voz alta, medio pensado: "total, yo no sé por que les dicen negros... yo los veo marrones"...

Me encanta como vez ciertas cosas...

lagitti dijo...

Ay amiga. http://lapuraveida.blogspot.com/2005/06/lista-de-las-cosas-que-no-se-como.html